Translate

lunes, 18 de mayo de 2015

17- Tercera Raza Raíz: Lemuriana

Capítulo XXXIII

LA TIERRA: LA TERCERA RAZA-RAIZ (LA LEMURIANA)


(PM 82. IL II 359-360:329.) Durante la tercera Raza, la lemuriana, conocida en la literatura hindú como los Dánavas, continuó el proceso de recapitular las tres primeras rondas, todo lo cual sucedió en la mitad de la tercera ronda, repitiéndose en esta tercera Raza. Esto implicó la materialización de los hombres en el plano físico, y su separación en sexos. Antes de estudiar el proceso detalladamente consideraremos primero, sin embargo, las condiciones físicas de la tierra misma.
(PM 74.) La tierra había estado cambiando lentamente. "La gran Madre trabajó bajo las olas. . . trabajó más duramente para la tercera (Raza) , y su cintura y ombligo aparecieron sobre el agua. Era el Cinturón, el Himávat sagrado, que se extiende          en torno del mundo" (La Doctrina Secreta, II, 419) .
El mar al Sur de Plaksha cubría el desierto de Gobi, Tibet y Mongolia, y la cadena himaláyica emergió de las aguas al Sur de aquel mar.
Lentamente apareció la tierra, desde el pie de los Himalayas, hasta Ceilán, Sumatra, Australia, Tasmania e Isla de Pascua; hacia el Oeste hasta Madagascar y parte de M rica; incluidos también Noruega, Suecia, Siberia Oriental y Occidental, y Kamschatka. Este vasto continente era Lemuria -la cuna de la Raza en la que iba a aparecer la inteligencia humana. Su antiguo nombre es Shálmali.
( SAL 14. ) El continente ecuatorial de Lemuria, en la época de su máxima expansión, casi circundaba el globo, extendiéndose desde el sitio de las actuales Islas del Cabo Verde a unas pocas millas de la costa de Sierra Leona, en dirección Sudeste a través de M rica, Australia, islas Sociedad y todos los mares intermedios, hasta un punto que distaba escasos kilómetros de un gran continente isleño -de un tamaño aproximado
a la actual Sudamérica- que se extendía sobre el resto del Océano Pacífico e incluía al Cabo de Hornos y parte de la Patagonia.
( PM 75. ) En el curso de las edades el vasto continente experimenta muchos desgajamientos, y se divide en grandes islas. Noruega se hunde y desaparece. 700.000 años antes que empezase el Eoceno del Terciario
hubo una gran explosión de fuego volcánico, se abrieron abismos en el lecho oceánico, y Lemuria desapareció como continente, dejando sólo fragmentos tales como Australia y Madagascar, con la Isla de      Pascua, que se sumergió y luego volvió a surgir.
( SAL 38-39:41. ) La destrucción de Lemuria se produjo principalmente por fuego, por acción volcánica. Fue barrida por cenizas ardientes y polvo inflamado de innumerables volcanes; éstos, junto con una gran cantidad de lagos y pantanos, eran característicos de la superficie terrestre. De manera que los lemurianos fueron principalmente destruidos por fuego y asfixia, a diferencia de la siguiente Raza, la de la Atlántida, que pereció en su mayoría ahogada. Otro contraste entre la destrucción de Lemuria y la de la Atlántida consiste en que mientras las cuatro grandes catástrofes completaron la destrucción de la Atlántida, Lemuria fue devorada por fuegos internos, y la acción volcánica fue incesante.
( PM 75.) Hacia la mitad de la vida de Lemuria, tuvo lugar el gran cambio climático, que mató a los que quedaban de la segunda Raza, junto con su progenie, la tercera Raza primitiva. "El eje de la rueda se ladeó. El Sol y la Luna no brillaron más sobre las cabezas de esa porción de nacidos del sudor; la gente conoció la nieve, el hielo, la congelación, y hombres, plantas y animales menguaron en su crecimiento"
( La Doctrina Secreta, II, 343-344 ) .  Los brillantes   matices del trópico se desvanecieron antes de la respiración del rey de la nieve; empezaron los días y noches polares de seis meses, y durante un lapso los restos de Plaksha apenas evidenciaron una escasa población. Sin embargo, la Tierra Sagrada Imperecedera continuó existiendo como antes.
( MW 95-96.)  Volviendo ahora a la Raza misma, con sus siete subrazas distintas, veremos que los muchos esquemas de reproducción, característicos de la tercera ronda, reaparecen en esta tercera Raza y de   hecho  siguen            simultáneamente en diversas partes de la tierra. El grueso de la población atravesó las sucesivas etapas y eventualmente se convirtió en ovíparo. Parece que los diversos esquemas de reproducción eran adecuados para los egos en diferentes etapas de la evolución; los primeros se mantuvieron en actividad para los egos retrasados, después que el grueso de las personas se les adelantó.
Estos cambios empezaron unos 16 millones y medio de años atrás, y ocuparon 5 ½ a 6 millones de años; los cuerpos físicos cambiaban muy lentamente, teniendo lugar con frecuencia la reversión. Además, la cantidad original era pequeña y necesitaba tiempo para multiplicarse.
( PM 78. ) La separación de los sexos tuvo lugar en el Período Secundario, habiendo existido entonces la tercera Raza durante 18 millones de años, tal vez mucho más; pues empezó en el período jurásico del Secundario, o edad mesozoica, el Período de los Reptiles, como a veces se lo llama.
( MW 96. ) Cuando el tipo ovíparo se estabilizó, el huevo fue preservado dentro del cuerpo femenino, y la reproducción asumió la forma que todavía persiste.
( SAL 21. ) Mientras los cuerpos lemurianos estaban compuestos por gases, líquidos y sólidos, al principio predominaban los líquidos y los sólidos, pues todavía su estructura vertebrada no se había solidificado en huesos como los nuestros y, por tanto, no podían estar de pie. De hecho, sus huesos se doblaban, como ocurre hoy en día con los huesos
de los infantes. Recién hacia la mitad del período lemuriano el hombre desarrolló una sólida estructura ósea.


LA PRIMERA SUBRAZA


( PM 76. ) En la primera subraza el método de reproducción era por expulsión de cuerpos suaves y viscosos -el "sudor"- de donde deriva su nombre de "nacidos del sudor". Escasamente se revelaban los sexos dentro del cuerpo.
La consciencia de la primera subraza evidenciaba unidad al estar sólo en contacto con el Atma.
(MW 94.) Como se mencionó en el capítulo anterior, los Barhishads del Globo D de la Cadena Lunar introdujeron en las Razas-Raíces primera y segunda ciertas entidades retrasadas que sirvieron como mentores de las entidades aún más rezagadas de aquellas dos Razas.
Algunas de ellas se beneficiaron con esa mentoría y fueron introducidas en la primera subraza de la tercera Raza-Raíz como sus tipos más bajos.
Tenían cabezas ovoides, con un ojo en la parte superior de éstas, con un rollo, que parecía una salchicha, representando la frente, y mandíbulas prognáticas.
El tipo de cabeza ovoide persistió durante muy largo tiempo, pero se modificó mucho en las subrazas posteriores. Rasgos de esto fueron hallados incluso en la séptima subraza.
( MW 95. ) Después de ellos, en esta subraza o un poco después (el punto exacto es oscuro) una cantidad muy considerable de egos, que había desarrollado en Marte sus cuerpos causales de cestería en cuerpos causales completos, empezó a preparar el camino para los egos más avanzados que iban a llegar pronto de la Cadena Lunar. Este fue el grupo que luchó en Marte contra los "hombres acuáticos, terribles y malos".
El Diagrama XL ilustra la tercera Raza-Raíz y numerosos grupos de entidades que encarnaron en ella.


LA SEGUNDA SUBRAZA


( PM 76. ) En la segunda subraza, los cuerpos exudados se endurecieron: "las gotas se endurecieron y redondearon. El Sol la calentó; la Luna la enfrió y modeló; el viento la alimentó hasta su madurez" (La Doctrina Secreta, II, 20) . Así los cuerpos blandos se endurecieron gradualmente, se endureció la cobertura externa de la envoltura, y asumió la forma del huevo, del óvulo, que desde entonces hasta ahora es el hogar natal del germen. Dentro del huevo las formas evolucionaron gradualmente en criaturas definidamente andróginas, claramente humanas en cuanto al tipo. Estas se llaman hijos del Yoga pasivo porque parecen tan abstraídos de las cosas externas.
La consciencia de la segunda subraza exhibió una dualidad al estar en contacto con el Atma-Buddhi.
( PM 79. ) En The Pedigree of Man se habla colectivamente de las primeras dos subrazas como de "la tercera primitiva"; nacieron bajo Shúkra, o Venus, y evolucionaron en hermafroditas bajo esta influencia. Las razas se separaron bajo Lohitanga, o Marte, que es la corporización de Kama, la naturaleza pasional.


LA TERCERA SUBRAZA


(PM 77. MW 96.) En la tercera subraza la criatura se desarrolló dentro de la envoltura, que ahora era una concha, y que se tornó cada vez más gruesa, e hizo evolucionar los órganos sexuales dobles. Al nacer, tras romper la envoltura, estaba plenamente desarrollado como un pollito de hoy en día. y capaz de caminar y correr .
Eran hermafroditas; después, hermafroditas con un solo sexo predominante. Mucho después se desarrollaron en seres unisexuales.
Junto con la cuarta subraza se les llamó los Señores de la Sabiduría, nombre que, sin embargo, pertenece propiamente a cierta clase de Barhishads quienes, como veremos ahora, entraron en ellos y los utilizaron como vehículos a fin de hacer evolucionar (partiendo de la mejor sub-raza tercera) cuerpos adecuados para la cuarta subraza en la que los sexos se separarían claramente.
( PM 76. ) Como todas las formas existentes entonces en la tierra, el hombre de la tercera subraza era gigantesco, comparado con su tamaño actual. Fue contemporáneo del pterodáctilo, del megalosaurio, y de otros animales gigantes, y debía imponerse entre ellos.
En la tercera Raza-Raíz evolucionaron los órganos de la visión; al principio sólo existía un ojo en la mitad de la frente -después llamado tercer ojo- y luego ambos ojos. Pero ambos ojos eran poco usados por los hombres de la tercera Raza-Raíz hasta la séptima subraza; y no se convirtieron en los órganos normales de visión hasta la próxima Raza-
Raíz, la cuarta.
( PM    80-81. ) Este  “tercer” ojo, desarrollado bajo la influencia de la Mónada, poseía poderes de visión mucho mayores que los otros dos ojos o, más precisamente, ofrecía menos obstrucción al poder perceptivo de la Mónada. Pero como la Mónada se replegó ante el intelecto, triunfó lo físico, y los dos débiles órganos de visión, que llamamos ojos, se desarrollaron gradualmente, siendo éstos un obstáculo mayor para el poder perceptivo de la Mónada, pero como daban una definición más aguda de los objetos, conducían a una visión más clara que antes.
El “tercer” ojo daba las impresiones de lo físico en conjunto antes que en detalle, y el cierre temporario era el modo de obtener una visión más clara.
Los hombres de la tercera Raza, que poseían el "tercer" ojo, aunque aparentemente salvajes en cuanto a la forma, no eran menos intuitivos, respondiendo prontamente a los impulsos enviados por los Reyes Divinos (que serán descriptos ahora) .
( SAL 22-23. ) El resto atrofiado del  tercer ojo se conoce ahora como la glándula pineal. Esta es ahora solamente un centro de la visión astral, pero para los lemurianos era el centro principal no sólo de la visión astral sino también de la visión física. Esta visión psíquica continuó siendo un atributo de la raza no sólo a lo largo de todo el período
lemuriano sino también en los tiempos de la Atlántida, la cuarta Raza-Raíz.
(SAL 30, PM 37.) Las Razas-Raíces primera y segunda, al no ser físicas, no tenían necesidad de producir una serie de sonidos a fin de transmitir sus pensamientos; pero cuando el hombre se convirtió en la tercera Raza física, no pudo permanecer mudo por largo tiempo. Los sonidos que los hombres primitivos efectuaban para expresar sus pensamientos se componían al principio, enteramente, de vocales. En las primeras dos subrazas esto consistía en meros gritos de placer y dolor, de amor e ira; en la tercera subraza se tornó monosilábico, y, de hecho, en Lemuria jamás llegó a esta etapa; los sonidos consonantes entraron en uso gradualmente. El chino de hoy en día es el único gran componente lineal del lenguaje lemuriano, pues "toda la raza humana era en ese
entonces de un solo idioma y un solo labio" ( La Doctrina Secreta, II, 208).


LA CUARTA SUBRAZA


Llegamos ahora a la cuarta subraza. Pero el estudiante deberá entender que el desarrollo de una subraza respecto de la precedente es un proceso muy gradual, que se extiende durante un largo lapso, de modo que a menudo es difícil trazar una línea divisoria precisa entre una subraza y la que le sigue.
( MW 96. ) Se recordará que la tercera subraza fue llevada hasta una etapa en la que se ponían huevos; esta es una etapa en todo el proceso de la completa separación de los sexos, proceso que, como ya se dijo, ocupó de 5 ½  a 6 millones de años.
(MW 96-97.) A algunos huevos se aplicaba un tratamiento muy especial. Eran separados por los Señores de la Luna, se los magnetizaba cuidadosamente y conservaba en una temperatura equilibrada, hasta que surgía la forma humana, hermafrodita en esta etapa, como ya se dijo. Entonces se la alimentaba en especiar y se la desarrollaba con cuidado y, cuando estaba lista, entraba en posesión de uno de los Señores de la Luna. Mucho:. de estos Barhishads encarnaron así a fin de trabajar en el plano físico y durante un largo lapso utilizaron estos cuerpos cuidadosamente preparados. Parece que esto sucedió sólo unos pocos siglos antes de la separación de los sexos.
( PM 77- 7S. ) Hacía el fin de la cuarta subraza, la joven criatura que emergía del huevo ya no podía caminar y cada vez se afianzaba más su desamparo al nacer.
El embrión humano todavía reproducía las etapas descriptas; revelaba la forma tipo ameba de la primera Raza; la forma filamentoide de la segunda Raza; la asexualidad de las primeras etapas ingresa en el estado andrógíno, y luego predomina lentamente el macho o la hembra, determinando el sexo, como en la tercera Raza. Asimismo deberá notarse que los rastros de dualidad sexual jamás desaparecen, ni siquiera en la madurez, reteniendo el macho los órganos rudimentarios de la hembra, y ésta los del macho.
Estos modos variados de reproducción se preservan en algunos ritos hindúes; así, en el relato del sacrificio de Daksha, se presentan diversos modos: "Del huevo, del vapor, de la vegetación, de los poros de la piel y, finalmente, sólo del vientre" (La Doctrina Secreta, II, 193, citando al Váyu Purána).
(MW 97-98.) Una vez que se establecieron los últimos nacidos de huevos -como se los llamó- ingresaban los mejores de las cesterías- probablemente los de los Globos A y B de la Cadena Lunar. Estos fueron seguidos rápidamente por los más bajos de los que habían conseguido los cuerpos causales completos en la Luna (Hombres Lunares
del Primer Orden). Había escasa diferencia entre los mejores de las cesterías y los más bajos de aquellos con cuerpos causales completos.
De aquellos con cuerpos causales completos, podemos distinguir 5 camadas o embarques.
1. Los de los Globos G, F y E de la Cadena Lunar; la mayoría era del Globo G, el menos evolucionado de los tres conjuntos.
2. Una gran cantidad del Globo G, una parte baja del Globo F, y una parte más baja aún del Globo E.
3. Los mejores del Globo G, algunos medianamente buenos del Globo F, algunos buenos del Globo E.
4. Los mejores del Globo F, y todos los óptimos del Globo E.
5. Los mejores del Globo E, con unos pocos del Globo D (la Luna misma) .
Más bien se los clasificó por etapa de crecimiento que por tipo, pues de hecho eran de todos los tipos. Entre ellos se observó a uno que se había individualizado por el miedo. En conjunto eran cientos de miles de estos egos, que encarnaban entre los nacidos de huevos.
( PM 78- 79. ) Se mencionó antes que algunos Barhishads llegaron a encarnar en la Tierra. Para esta finalidad tomaron las mejores formas disponibles de lo que, en The Pedigree of Man, se llama "tercera" mitad, i. e., las subrazas tercera y cuarta. Estos Barhishads encarnados se denominaron Andróginos Divis, o Hermafroditas Divinos. Moldearon sus formas en la belleza más divina; eran en extremo gigantes, de figura
y rasgos espléndidos. Con su llegada, y la subsiguiente separación de los sexos, terminó el Satya Yuga de la Tierra.
Estos Andróginos Divinos eran de un esplendoroso matiz rojo-oro, indescriptiblemente brillantes y magníficos; la majestuosidad de su aspecto general se acrecentaba con el ojo único que fulguraba como una joya desde su encandilante engarce. El rojo terroso de las formas burdas y torpes de los primeros hombres y mujeres, después de la separación de los sexos, se parangonaba muy desfavorablemente con las formas de los Andróginos Divinos.
( PM 80-81. ) De altura gigantesca y correspondientemente robustos, dan la impresión de un poder tremendo, que mucho excede a los hombres de nuestra propia generación como las Anoplatéridas y Paleotéridas, que los rodean en sus tiempos posteriores, superan a los bueyes, los ciervos y los cerdos, ya los caballos, tapires y rinocerontes que descendieron de ellos.
Los hombres que les sucedieron, con frentes huidizas, con el ojo oscuramente colorado, que brillaba rojizamente sobre la nariz achatada, y pesadas quijadas salidas, ofrecen una apariencia repulsiva, según los gustos modernos.
El recuerdo del "tercer" ojo persistió, por supuesto, en el relato griego de los Cíclopes de un solo ojo -después se los llamó los de-un-solo-ojo- y de Ulises, un hombre de la cuarta Raza-Raíz, matador de un Cíclope de la tercera Raza-Raíz, que tenía un ojo central.
Bajo la guía de los Andróginos Divinos, que gobernaban como Reyes Divinos, esta subraza construyó poderosas ciudades, enormes templos ciclópeos, poderosos y macizos, erigidos de modo tal que los fragmentos todavía subsisten. Construyeron la misma Shamballah, la Ciudad Santa, la Morada Sagrada, que aún permanece incólume, testigo del arte que la planificó y de la fuerza que la construyó.
( MW 98. IL II 360. ) Hace unos 10 u 11 millones de años, como hemos visto, se estableció plenamente la separación de los sexos, lográndose una razonable continuidad formal. Luego se llevó a cabo una cantidad de esfuerzos especiales por parte de las Autoridades a cargo, para consolidar a la humanidad y fijarla definidamente en su rumbo hacia el avance espiritual superior que estaba ante ella en el arco ascendente
de la cadena. Se recordará que el punto medio preciso de toda la cadena será la mitad de la Raza próxima, la cuarta; así que ahora descubrimos los preparativos para la segunda mitad, o mitad ascendente de la cadena, que se realiza ligeramente antes del punto medio exacto.
El primer paso en este preparativo fue una repetición, por parte de los Señores de la Luna, del episodio del chháya, descripto en el capítulo que trata sobre la primera Raza. Pues después de dar sus chháyas para la primera Raza, los Barhishads abandonaron la Tierra, ascendiendo al Mahaloka por un lapso. ( PM 81.) “Habiendo proyectado sus sombras y hecho a los hombres de un solo elemento, los Progenitores reascienden
al Mahaloka; de allí descienden periódicamente cuando el mundo se renueva, para dar nacimiento a nuevos hombres” (La Doctrina Secreta, II, 16). (IL II 360-361. MW 98-99.) Como antes, hubo siete de ellos, “cada uno en su propia parcela”, a fin de suministrar los vehículos a los siete grandes tipos o rayos humanos.
Las otras entidades de la raza inferior, que recién se hacía descender al nivel físico, se apoderaron ávidamente de estas. "sombras" (o vehículos etéricos)        entraron en ellas y procuraron utilizarlas.       Al no adaptarse plenamente a ellas, hallaron difícil mantener su posición, saliéndose de su sitio constantemente. Tan pronto sucedía esto, alguna otra entidad se apoderaba del cuerpo etérico, deslizándose en él como si fuese un sobretodo, tan sólo para escurrirse de él a su vez y ver cómo lo ocupaba algún otro.
La escena recuerda la idea griega de que los Dioses crearon el mundo a las carcajadas, pues decididamente tenía su elemento cómico, ya que los egos luchaban por las formas sin poder manejarlas cuando las obtenían. Este es uno de los "descensos en la materia", la materialización final del cuerpo humano, el completamiento de la “caída del hombre”.
Muchos de estos dobles etéricos, y gradualmente las personas menos desarrolladas, se acostumbraron a sus nuevos “sacos de piel”, aprendieron cómo habitarlos permanentemente, de modo que pudiera emprenderse otro proceso de materialización.
De este modo fueron producidos gradualmente cuerpos que sirvieron para expresar los siete grandes tipos y sus subtipos, y las personas se pusieron a reproducirlos firmemente.
En varias partes del mundo continuaron otros medios de reproducción durante prolongados lapsos; las etapas sucesivas se entremezclaron mucho, debido a las grandes diferencias evolutivas.
Las tribus que siguieron los métodos reproductivos primitivos se tornaron gradualmente estériles, mientras los hombres y mujeres verdaderos se multiplicaron grandemente, hasta que la humanidad, como ahora la conocemos, se estableció definitivamente por todo el mundo.
Otras clases de egos continuaron encarnando: los de otras rondas, que no habían estado en las Razas-Raíces primera y segunda, correspondientes a la Tierra.
( MW 98. ) En esta etapa había 5 clases humanas que pugnaban recíprocamente para obtener formas humanas mejores. Comenzando con las muy primitivas, eran éstas:

1. Las que sólo ahora ascendían desde el reino animal.
2. Las dotadas de cuerpos causales lineales, que habían estado en la Tierra durante un tiempo.
3. Las cesterías de Marte.
4. Las mejores cesterías del Nirvana de la Inter-cadena.
5. Las 5 clases previamente enumeradas, que tenían cuerpos causales completos, habiendo llegado de los Globos G, F y E de la Cadena Lunar.

(MW 99. IL II 361.) Las formas proyectadas por los Señores de la Luna eran de muy bello aspecto, pero por ser etéricas se modificaban prestamente, y los egos que ingresaban en ellas las distorsionaban. Los cuerpos de los hijos de estas entidades de ningún modo igualaban a los de sus padres, eran definidamente feos; probablemente quienes los utilizaban acostumbraban pensar en la cabeza ovoide y la frente como un
rollo de salchicha, y de ahí que reaparecieran estas formas. No obstante, se establecieron ciertos tipos y, por más que las formas se deteriorasen, todavía eran habitables.
Después de evolucionar muchas generaciones de seres humanos bien establecidos, descendidos de las formas etéricas materializadas, bajaron los Barhishads a tomar posesión de los cuerpos así modelados, de los egos individualizados en los Globos A, B y C de la Cadena Lunar.
( MW 100. ) De estos había tres camadas: 1) Más de 2 millones del grupo anaranjado del Globo A; 2) algo menos de 3 millones del grupo amarillo del Globo B; 3) algo más de 3 millones del grupo rosado del Globo C. Digamos unos 9 millones en total. Fueron guiados por diferentes regiones de la superficie del mundo, con el fin de que formasen tribus.
(MW 100. IL II 362:330:285.) Luego sucedió algo curioso. "Un tercio se rehúsa; dos tercios obedece." El grupo anaranjado de egos, al ver que les ofrecían los cuerpos, rehusaron entrar, no por maldad alguna, sino por puro orgullo, desdeñando las formas inatractivas, y tal vez también por su antiguo odio hacia las uniones sexuales.
Sin embargo, los grupos amarillo y rosado fueron dóciles y obedecieron, mejorando gradualmente los cuerpos que habitaron. Así fue creada la cuarta subraza lemuriana. Esta fue la primera humana, en todo sentido, excepto la embriónica; y puede remontarse a la recepción de las formas de parte de los Barhishads.
En La Doctrina Secreta, H. P. Blavatsky habla de esta cuarta subraza como "amarilla", aparentemente por el color de los egos amarillos llegados del Globo B de la Cadena Lunar. La subraza era negra; este color persistió durante algún tiempo en subrazas posteriores, como ahora veremos.
( SAL   30.) Los descendientes de estos monstruos, tras reducir su tamaño y tomarse físicamente más densos a lo largo de los siglos, culminaron en una raza de monos en el período mioceno, del que descendieron los pithecoides de hoy en día. Con estos monos los atlánticos (cuarta Raza) renovaron el "pecado de inmentalidad", esta vez con plenaresponsabilidad; el resultado fueron los monos que conocemos como antropoides (vide "La Doctrina Secreta", II, 728).
Parece que estos antropoides obtendrán la encarnación humana en la sexta Raza-Raíz venidera, sin duda en los cuerpos de las razas más bajas a la sazón existentes en la tierra.
De manera que la región asignada al grupo anaranjado quedó vacante. Los cuerpos que debían haber usado fueron gozosamente ocupados por entidades que recién emergían del reino animal, el tipo humano más bajo. La consecuencia de esto fue que, en vez de mantener el avance que se había ganado con tanto esfuerzo, se permitió que las formas retrocediesen nuevamente a un estado incluso peor que antes. Los humanos primitivos que habitaban las formas hasta se entremezclaron con algunas formas animales, con naturalidad suma, sintiendo poca diferencia entre ellos y los niveles de los que acababan de emerger.
(SD II 22.) Esto fue lo que H. P. Blavatsky llamó el "pecado de inmentalidad", y el resultado de esto fueron los diversos tipos de monos antropoides.
El Libro de Dzyan describe así, gráficamente, el episodio recién mencionado:       
"Durante la Tercera, los animales sin huesos crecieron y cambiaron; se convirtieron en animales con huesos, solidificándose sus Chháyas.
"Los primeros en separarse fueron los animales. Empezaron a reproducirse. También se separó el hombre doble. Este dijo: 'Hagamos como ellos, unámonos y hagamos criaturas.' Y lo hicieron.
"Y quienes no tenían Chispa se unieron a enormes animales hembras.
Estos engendraron razas mudas. Ellos mismos eran mudos. Mas sus lenguas se desataron. Las lenguas de su progenie permanecieron calladas. Engendraron monstruos. Por todos lados continuó una raza de deformes monstruos cubiertos con pelo rojo. Una raza muda que mantendría una vergüenza indecible.
 "Al ver esto, los Lhas que no habían construido hombres, lloraron, diciendo:
" ‘Los Amanasa (inmentales, los sin-mente) ensuciaron nuestras moradas futuras. Esto es Karma. Moremos en otros. Enseñémosles mejor, no sea que ocurra peor .' Lo hicieron.
"Luego todos los hombres quedaron dotados de Manas. Vieron el pecado de la inmentalidad."
(MW 101. IL II 385-387.) El karma por el rechazo del grupo anaranjado de egos a ocupar su lugar debido en la tarea de poblar el mundo, consistió en que después fueron forzados a encarnar y debieron ocupar cuerpos aún más bajos y burdos, mientras para ese tiempo los Señores de la Luna se dedicaban a otro trabajo. Así se convirtieron en una raza retrógrada, hábil pero no buena, atravesando muchas experiencias desagradables. Disminuyeron en número al chocar constantemente con el orden común y ser encajadas, en gran medida mediante sufrimiento, dentro de la gente ordinaria.
Unos pocos, fuertes, crueles e inescrupu1osos, se convirtieron en Señores del Rostro Oscuro en la Atlántida (como veremos cuando lleguemos a tratar la cuarta Raza) . Fueron vistos algunos entre los indios de Norteamérica con rostros refinados pero duros; unos pocos persisten todavía, incluso hasta nuestros días; por naturaleza son "turbulentos y agresivos, independientes y separativos, proclives al descontento y ávidos de cambio". Son los inescrupulosos entre los reyes de las finanzas, los estadistas como Bismarck, los conquistadores como Napoleón. Pero están desapareciendo gradualmente, pues aprendieron muchas lecciones amargas.
Quienes no tienen corazón, luchan siempre, se oponen siempre a todo y por doquier, y por regla general deben, en última instancia, ser puestos en la horma; poquísimos tal vez acaben en la magia negra, más la presión firme es delÍ1asiado grande para la mayoría.


LA QUINTA SUBRAZA


( MW 104-105. ) Los Barhishads de los Globos A, B y C de la Cadena Lunar llegaron a encarnar ahora, para ayudar al Manu en la fundación de las subrazas quinta, sexta y séptima. En estas subrazas posteriores los Barhishads se convirtieron en Reyes -los Iniciados Reales de los mitos- que a menudo son más verdaderos que la historia.
Un Iniciado-Real debía reunir una cantidad de personas a su alrededor, formando un clan, y luego enseñar a este clan algunas artes de la civilización, y dirigirlas y ayudarlas en la construcción de una ciudad.
Fue construida una gran ciudad bajo esa dirección en la que ahora se conoce como la isla de Madagascar, y muchas otras fueron construidas, de modo parecido, en otras partes del continente lemuriano. El estilo arquitectónico era ciclópeo, impresionante por su enormidad.
Durante el largo período así ocupado, fue cambiando la apariencia física de los lemurianos. El ojo central, en la parte superior de la cabeza, se fue retirando, pues cesó de funcionar, hacia el interior de la cabeza, para formar la glándula pineal, mientras los dos ojos -al principio uno a cada lado de ella- se activaron. La leyenda griega de los
Cíclopes, como se mencionó antes, es evidentemente una tradición de la primitiva época lemuriana.
Hubo alguna domesticación de animales; algunos de éstos eran escamosos, casi tan inatractivos como sus amos.
Animales de toda clase eran comidos crudos; algunas tribus ni siquiera desechaban la carne humana. Las criaturas de nuestros grados de babosas, caracoles y gusanos, mucho mayores que sus degenerados descendientes, eran consideradas con peculiar favor como sabrosos bocados.
(IL II 362-363.) Hablando en general, la descripción de un hombre de la tercera ronda se adaptaría bastante al hombre de esta quinta subraza lemuriana. A menudo se habló de ellos como de personas de cabeza ovoide, por el parecido de sus cráneos con un huevo con su pequeño extremo hacia arriba. Todavía tenían frente pequeña, y los ojos, como se dijo, estaban cerca de la punta de ese huevo.
Eran negros" o cobrizos.
Las subrazas quinta, sexta y séptima de la Raza Lemuriana eran mucho más de lo que ahora llamaríamos humanas respecto de sus predecesoras.
( SAL 23-24. ) La que sigue es una descripción abreviada de un lemuriano de una de las subrazas posteriores, probablemente la quinta.
"Su estatura era gigantesca, entre 3 ½ y 4 ½ m. Su piel era muy oscura, de un marrón amarillento. Tenía una larga mandíbula inferior, un rostro extrañamente achatado, los ojos pequeños pero penetrantes y ubicados curiosamente muy separados, de modo que podía ver tanto a los costados como al frente, mientras el ojo de la parte posterior de la cabeza le permitía ver también en esa dirección. En vez de frente tenía un rollo de carne; la cabeza era huidiza, hacia atrás y hacia arriba. Los brazos y las piernas, especialmente los brazos, eran en proporción más largos que los nuestros, y no podían estirarse perfectamente en los codos ni en las rodillas. Las manos y los pies eran enormes; los talones se proyectaban hacia atrás. La figura estaba cubierta por un manto flojo de piel, algo similar al cuero del rinoceronte, pero más escamosa. Alrededor de la cabeza en la que el pelo era corto, se enroscaba otro pedazo de piel a la que se agregaban adornos de colores rojo brillante, azul y otros.
En su mano izquierda blandía una vara afilada, de unos 3 ½ a 4 ½ m de largo. En su mano derecha tenía enroscado el extremo de una larga soga hecha con una planta rastrera, con la que conducía a un reptil enorme y horrible, algo parecido al plesiosaurio. La apariencia           del hombre daba una sensación desagradable, pero no estaba enteramente incivilizado, siendo un espécimen del común de su tiempo". Muchos eran menos humanos todavía que el individuo aquí descripto.


LA SEXTA SUBRAZA


( IL II 363. MW 108. ) Los hombres de la sexta subraza se destacaban principalmente por su color. Ya no eran negros ni cobrizos como la quinta subraza, sino azul-oscuros, y su matiz varió, hacia el fin de la raza, en un azul definido pero más bien lívido.
( MW 94. ) Todavía mostraban rastros de cabeza ovoide, debido a la frente huidiza.
( MW   105-106. ) Mientras se desarrollaba la sexta subraza, una gran cantidad de Iniciados y sus discípulos fue enviada desde el Nirvana de la Intercadena hacia la Tierra, para ayudar al Manu de la cuarta Raza-Raíz encarnando en los mejores cuerpos que Aquel hiciera evolucionar hasta entonces. Quienes habían agotado su karma recibieron los mejores cuerpos, y quienes los ocuparon fueron capaces, consiguientemente, de mejorarlos, y de sacar de ellos todo aquello que pudiesen
producir. Estos Arhats y sus discípulos trabajaban bajo el control de los Barhishads y los Manus de las Razas-Raíces tercera y cuarta; la séptima subraza evolucionó con ayuda de aquellos.


LA SEPTIMA SUBRAZA


La séptima. subraza, que empezó como gris-azul, descendió, a través de diversas tonalidades grisáceas, en una especie de gris-blanco. Puede lograrse una clara idea del tipo de sus rostros por las estatuas que erigieron; unas pocas de éstas subsisten en la Isla de Pascua. Estas estatuas, la mayoría de unos 8 ½  m de alto y 2 ½  m de hombro a hombro, pretendieron probablemente representar los rasgos y la altura de quienes las tallaron, o posiblemente de sus antepasados, pues es probable que las estatuas fueran erigidas en las épocas posteriores de los lemurianos-atlánticos. (IL II 363-364. MW 94:108. SAL 24-25:28:37-38.) Los rostros eran largos y caballunos; la punta de la nariz estaba al principio encima del centro (y hacia el fin de la raza exactamente en el centro) de una línea dibujada desde la parte superior de la frente hasta la barbilla.
La frente era todavía un mero rollo de hueso, aunque se desarrolló un poco más arriba hacia el fin de la subraza.
Como la sexta subraza, todavía evidenciaban rasgos de cabeza ovoide, debido a la frente huidiza.
 Tenían labios gruesos y toscos, y narices anchas y chatas, características que sobrevivieron, en forma menos agravada, entre los negros, que son tal vez sus representantes más próximos en la actualidad.
La estatura decreció perceptiblemente, y la apariencia de manos, pies y miembros se asemejó más a la de los negros de hoy en día.
Los hombres de las subrazas posteriores, sexta y séptima, fueron grandes constructores en un burdo estilo ciclópeo, y asimismo tuvieron cierta idea artística. Desarrollaron una civilización importante y de larga duración, y durante miles de años dominaron a la mayoría de las otras tribus que habitaban en el vasto continente lemuriano, e incluso al fin, cuando la decadencia racial pareció alcanzarlos, aseguraron otro arriendo
de vida y poder mediante matrimonios mixtos con los Ramoahals, la primera subraza atlántica. La progenie, si bien retuvo muchas características de la tercera Raza, en realidad perteneció a la cuarta Raza, y así adquirió nuevo poder de desarrollo. Su apariencia llegó ahora a no diferir de la de algunos indios americanos, salvo que su piel tenía un curioso tinte azulado que ahora no se ve.
Las primeras ciudades fueron construidas en esa extensa y montañosa región que incluía a la actual Isla de Madagascar. Otra gran ciudad es descripta en La Doctrina Secreta, II, 331, como erigida enteramente con bloques de lava. Estaba a unos 18 ½ km. al Oeste de la actual Isla de Pascua y fue destruida subsiguientemente por una serie de erupciones volcánicas.
En la actualidad no existe raza alguna de pura sangre lemuriana; aunque los pigmeos del M rica Central parecen representar un fragmento largamente aislado de la cuarta subraza, reducido hasta su actual estatura durante millones de años de acuerdo con esa curiosa ley que parece imponer la disminución de tamaño alas últimas reliquias de una raza moribunda.
La mayoría de las tribus negras tienen una considerable mezcla de sangre atlántica, o de la cuarta Raza; en el caso de los zulúes, por ejemplo, tenemos en su figura y porte generales un cercano representante de la segunda subraza de los atlánticos, los Tlavatli, aunque el color y algunos rostros son lemurianos.
Los restos degradados de la tercera Raza pueden también ser reconocidos en los aborígenes de Australia, los isleños de Andamam, algunas tribus montañosas de la India, las de Tierra del Fuego, los bosquimanos de Africa, y algunas otras tribus salvajes. Las entidades que ahora habitan esos cuerpos deben haber pertenecido al reino animal de esta cadena.
( SAL 43. ) En Lemuria existió una Logia Iniciática pero primariamente no era para beneficio de los lemurianos. Como estaban lo suficientemente adelantados, es verdad, fueron enseñados por los Adeptos Gurús, pero la instrucción que requerían se limitaba a la explicación de unos pocos fenómenos físicos como el movimiento de la tierra alrededor del solo la razón de la apariencia diferente que asumían los objetos físicos al observarlos alternadamente con la visión física y la visión astral.
Sin embargo, la Logia estaba dirigida primariamente a aquellas entidades llegadas de Venus y que, mientras ayudaban a la directa evolución de la tierra, proseguían al mismo tiempo su propio desarrollo evolutivo.




Capítulo XXXIV

LA LLEGADA DE LOS SEÑORES DE VENUS


( MW 102-103. PM 89. IL. I 9. ) Describiremos ahora el momento más dramático en la historia de la Tierra: la Llegada de los Señores de la Llama, acontecimiento que requiriera una prolonga preparación.
Los Barhishads y el Manu de la Tercera Raza hicieron todo lo posible para hacer ascender a entidades hasta el punto en el que se acelerase el germen mental, posibilitándose el descenso del ego. Se impulsó a todos los rezagados; en el reino animal no había nadie más que pudiese elevarse hasta el reino humano. La "puerta" iba a "cerrarse" a los otros que inmigraban del reino animal en el reino humano sólo cuando no hubiese a la vista más candidatos capaces de llegar al nivel humano, sin una repetición del tremendo impulso dado una sola vez en la evolución de un Esquema, en su punto más central.
Se escogió como momento un gran acontecimiento astrológico, cuando se produjo una especialísima ubicación de planetas y fue muy favorable el estado magnético de la Tierra. Esto ocurrió hace una         16 ½ millones de años. Nada quedó por hacer, salvo lo que Ellos solos podían hacer.
Entonces, "con el poderoso rugido del veloz descenso desde incalculables alturas, rodeados por ígneas masas flamígeras que llenaron el cielo con fugaces lenguas llameantes, destelló a través de los espacios aéreos el carruaje de los Hijos del Fuego, los Señores de la Llama llegados de Venus; se detuvo, meciéndose sobre la Isla Blanca, ubicada en el mar de Gobi; era verde, y radiante con masas de flores fragantes; la
Tierra ofrecía lo mejor y más bello para dar la bienvenida a su Rey que llegaba", el gran Ser conocido como el Rey del Mundo, el Sanat Kumara, con sus tres Ayudantes y el resto de Su cohorte de auxiliadores.
En el Capítulo XIX ya fue des cripta esta cohorte y asimismo la mayor parte de lo que se conoce del Rey y Su trabajo en este mundo. Por tanto, es necesario solamente recapitular y ampliar lo ya dicho con referencia especial a la época de la historia del mundo que ahora tratamos.
( IL II 365-368 ) La Doctrina Secreta, como vimos, hablaba de Ellos como proyectando la chispa mental dentro de los hombres inmentales, despertando dentro de ellos el intelecto. El significado de esto es que Ellos actuaron como un estímulo magnético. Brillaron sobre las personas como el sol sobre las flores, y las alzaron hasta Ellos, permitiéndoles desarrollar la chispa latente e individualizarse.
H. P. Blavatsky mencionó algunos de los “hijos de la mente” como encarnando entre las personas a las que procuraban ayudar. Los Señores de la Llama no encarnaron entre los hombres de un modo corriente; H. P. Blavatsky se refiere aquí a los Barhishads que ingresaron en los cuerpos humanos corrientes y que. de ese modo, se convirtieron, por un tiempo, en parte de la raza.
Mas si no fuese por la ayuda que benévolamente nos brindaron estos grandes Líderes, el mundo habría sido un lugar muy diferente hoy en día.
Sin Ellos no sólo estarían millones todavía en el reino animal (que se humanizaron bajo el ímpetu que Ellos dieron), sino que todo el resto de la humanidad se hallaría muy detrás de la posición que ahora ocupa.
Como la cuarta ronda está especialmente destinada al desarrollo del principio del deseo en el hombre, sólo en la ronda próxima, o quinta, el hombre tenderá a consagrarse al desarrollo del intelecto. Sin embargo, debido al estímulo dado por los Señores de la Llama, el intelecto ya se desarrolló considerablemente, y por tanto estamos una ronda completa adelantados de donde deberíamos estar merced a la ayuda de Aquéllos.
Antes también vimos que Ellos trajeron abejas, hormigas y trigo a la Tierra.
( MW 103-104.) Hasta la Llegada de los Señores de la Llama, las camadas o embarques del Nirvana de la Intercadena llegaban separadamente, pero ahora la fecundidad creció rápidamente, como todo lo demás, y fueron necesarias grandes flotas para traer a los egos para que habitasen los cuerpos. Estos fluyeron mientras otros de tipos inferiores
tomaron posesión de todos los animales con los gérmenes mentales individualizados con la Llegada, y así los Señores de la Llama hicieron en un momento y por millones lo que ahora nosotros hacemos, con largo cuidado, por unidades.
( MW 79.) Los Señores de la Llama llegaron a la Tierra hacia la mitad de la tercera Raza-Raíz, después de la separación de los sexos. El Diagrama XL ilustra la Llegada en su relación con los otros acontecimientos.
( I L I 314. ) Parte del plan del Logos consiste en que, en cierta etapa de su evolución, la humanidad debe iniciar su propia guía, en vez de depender de entidades de otras evoluciones. Por tanto, todos los Buddhas, Manus y Adeptos futuros serán miembros de nuestra humanidad, habiéndose marchado a otros mundos los Señores de Venus.
(IL I 27.) Puede notarse aquí que la cantidad de Adeptos o Maestros que retienen los cuerpos físicos a fin de ayudar a la evolución del mundo es, en la actualidad, tal vez de unos 50 ó 60 en total.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario